martes, 28 de diciembre de 2010

SOBRE LA INUTILIDAD DE LAS REGLAS.-

En los últimos días he estado trabajando en una serie de proyectos que no viene al caso comentarlos en sí. Lo que sí vale la pena comentar es la serie de reglas que encontré, todas ellas tienen por finalidad facilitar tus labores y ordenar el trabajo, además de "universalizarlo". Paradoja: es una verdadera complicación tratar de entender cómo es que debo aprender un montón de teoría sobre cómo hacer un trabajo fácil. Es demasiado difícil apegarse a cuanta regla se encuentra y repetir una infinidad de veces un tema que puede ser desarrollado en tres saltos.
Para que mi idea quede más clara, pueden revisar la teoría para hacer una investigación cualitativa.
Por otra parte, en mi trabajo debo hacer planificaciones anuales, según modelos del Ministerio de Educación. ¿Cómo es que tengo que hacer algo que el Ministerio ya hizo por mí? Si vamos a la página del MINEDUC están todas las planificaciones hechas, por lo menos para mi área, entonces cuál es sentido de hacerlas otra vez.
Luego, también debo tener en cuenta que como los contenidos dictados por el Ministerio no han sido modificados, en muchas áreas, y considerando que la educación es igual para todos ¿por qué tengo que gastar recursos en repetir una y otra vez lo que ya está hecho? No sería más productivo que este tiempo de "planificación" lo usemos en crear nuevos materiales o recursos didácticos, que programemos nuestros cursos en moodle o planifiquemos una actividad que despierte interés y deje huella en nuestros estudiantes. 
En vista de como está la cosa, seguiré siendo el punto al margen, ese punto que no hace caso a muchas reglas, que lo único que hace es facilitar las cosas, sobre todo a los estudiantes y que sólo por eso me esperan cada mes con el finiquito en la mano.

lunes, 10 de mayo de 2010

Participar o no participar = Ser o no Ser, esa es la cuestión.

En nuestra vida en sociedad nos vemos envueltos en múltiples eventos en los que participamos con o sin querer, pero cuando nos toca elegir si participar o no ¡Ay! nos duele hasta el pelo, sobre todo a los que somos indecisos. Hay personas a las que no les cuesta involucrarse en los hechos que les rodean y participan, pero no sólo participan, sino que lo hacen con entusiasmo, hecho que admiro.
Creo que la cuestión sobre participar o no en algún evento es el equivalente al Ser o no Ser que con tanta propiedad nos mostró Hamlet, el eterno indeciso. Somos o no somos parte de una comunidad, no podemos serlo a medias y participar sólo de lo que nos gusta y/o nos atrae. También debemos tener el valor suficiente de participar de hechos que no nos satisfacen, por el motivo que se quiera, ¡eso es Ser parte de algo! que tibios nos ponemos muchas veces cuando elegimos que hacer, eso no quiere decir que tengamos que "ir a todas" las elecciones que tomamos deben hacerse con inteligencia y con valor, pero cuando estamos en una pequeña comunidad como una escuela es casi una obligación moral involucrarse en todos sus aconteceres, después de todo gran parte de nuestra vida la hacemos en nuestro lugar de trabajo.
Cuando empezamos a dejar de lado las actividades por flojera o por "lata" mostramos lo tibios que nos estamos poniendo, estamos mostrando cómo hemos dejado que el sistema nos gane por cansancio y nos dejamos arrastrar por la corriente. Cuando el ser humano deja de sentir entusiasmo por las cosas que le rodean deja de Ser, se cosifica, se convierte en, como dice el tango "descolado mueble viejo", esperando a que pase el tiempo en que debamos salir del ruedo, o nos saquen. Que pena que saquen o que te excluyan por fome, por no Ser, por no Estar, porque no se cuenta contigo, que pena el no Ser.

jueves, 18 de marzo de 2010

La importancia de tener doscientos años.

Está archicomprobado que a mayor edad, mayor experiencia, ergo, mayor conocimiento. Pero mientras vivo, y me desvivo en mi truculenta sociedad, me doy cuenta de que la relación años - conocimiento y/o aprendizaje no siempre se da con buenos resultados. Hay quienes que, con los años, aprenden malas artes y son cada vez peores en su comportamiento, pero eso no es lo peor, sino que, al parecer, junto con las mañas que los adornan se les instala el cinismo en el cuerpo casi como otra capa de piel.
Hay otros en cambio que sí aprenden y, lo que es mejor, aprenden muy bien el arte de la convivencia, de la sana convivencia. No de la convivencia diplomática donde se les dice a los jefes que sí a todo lo que les ocurre, se les encuentra "simpáticos" a los colegas, "lindos" a los amigos y "decentes" a los vecinos, esa convivencia NO. Hablo de la real convivencia, partiendo por la convivencia con una misma que es bastante difícil, una convivencia honesta, sonde si no tienes nada bueno que decir haces gala del silencio, donde si no tienes nada que aportar no estorbas y donde si tienes la energía suficiente ayudas o tienes los cojones para decir que no, que simplemente no quieres o te cansaste o que no sabes...o qué se yo!
Ya sé que la edad no siempre implica madurez y que la madurez tampoco implica buen comportamiento, pero con la historia de nuestro país y del mundo ya deberíamos haber aprendido que siendo mala leche no se llega a ninguna parte (o si se llega se llega solo o acompañado de gente peor que nosotros), sólo pido, a quienes quieran, que hagan el ejercicio de ser buena onda, pero de verdad, con honestidad, por lo menos un par de veces a la semana, a ver si así se les pega la costumbre y lo hacen un hábito.